Se me olvidó contar lo que acaeció el día de la excursión en bici a Aachen. Íbamos por el buen camino, de verdad que lo estábamos, hasta que decidimos seguir adelante donde había que girar a la derecha. Y así es como terminamos en Valkenburg, pueblo famoso por sus grutas, su remake de la Virgen de Lourdes y sus cuestas excesivamente empinadas (en una de las cuales no pude dejar pasar la oportunidad de pegármela). Es realmente desalentador ir subiendo una de esas cuestas a pie y que por tu lado pasen los locos del pedal que participan en competiciones de ciclismo como si aquello fuera un paseo… Una pena que aún albergásemos la esperanza de alcanzar Gulpen a una hora razonable y ni siquiera echásemos un ojo a este pueblo (aún así disfrutamos de la compañía de vacas tipo Milka y ponis por el camino). En el siguiente a Valkenburg sufrimos una baja en nuestra flota de bicis y tuvimos que deshacer el camino con el “otro día será” como lema.
Todos sabíamos que “otro día” no iba a ser con la bici. Y así fue, el fin de semana pasado (el del 25) fuimos a Vaals y Aachen cómodamente en un autobús de línea (7 euros todos los que cogieses en el mismo día, un chollo) y cuando regresamos a casa ya nadie recordaba el periplo ciclista de la anterior ocasión.
¿Respecto a Vaals y Aachen? Laberinto, drielandenpunt (punto donde confluyen Alemania, Bélgica y Holanda) y el punto más elevado de Holanda (322m.) bastante divertido. Ya se sabe, fotos tipo “ahora estoy en Alemania, ¡ahora estoy en Bélgica!”, “he alcanzado el risco más alto de todo el país” o “por dónde leches se sale de este laberinto”, tontadas para hacer el gamba un rato y tal. El camino hacia Aachen lo hicimos en un autobús para el que no teníamos billete (era de otra compañía) pero en el que entramos los 5 que estábamos porque el conductor era casi español. Decía que él era alemán y su esposa española, cualquiera lo diría con el acentazo andaluz que gastaba el hombre… El caso es que nos llevó de buen rollo hasta Aachen y allí nos indicó por dónde ir a tomar algo. Terminamos tomando cóckteles a mitad de precio en la hora feliz del Havana, un pub/restaurante cubano en el que servían churros con nocilla. Y poco más, este sábado estuvimos en Bruselas, déjà vu mode on, pero eso es otra historia que será contada en otro momento.
Ahora me voy a ver si consigo colgar en mi cuarto una lámina muy bonita de “The menaced assassin” que conseguí en el museo Magritte. Esto de no poder usar chinchetas es un poco incómodo :/



Puedes usar rascarte la nariz, pegamento biodegradable... XD
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