No me puedo creer que esté aquí de nuevo. En Maastricht, no es la tierra soñada por mí pero sí la que más tiempo ha ocupado en mis pensamientos estos últimos meses.
En este mismo instante me encuentro sentada en el primer tramo de las escaleras que conducen a la que va a ser mi casa durante los próximos meses. Esto no tendría ninguna particularidad si no fuera porque en el bajo del edificio no hay una panadería ni una peluquería, no, hay un sexshop. Y no es que sea raro en los Países Bajos, es que lo es en un barrio residencial como es el Heer. Antes de nada, aclarar que no estamos hablando del Patxi de toda la vida en Granada, que ya hasta parece que calle Elvira no sería lo mismo sin él, estamos hablando de un local un tanto sórdido cuyo dueño es un calvo gordo de 40 años que te mira demasiado cuando pasas por ahí. Desde el principio he pensado que la zona compensaría la imagen que una da cuando la ven entrar por la misma puerta de un sexshop cada día (sí, para acceder a dicho comercio hay que entrar en mi portal, así son las cosas), pero me equivocaba. Hace un rato estábamos despidiéndonos de un amigo que ha venido a cenar (eran las doce de la noche de un viernes, tampoco es que esto sea Esparta) y mientras hablábamos sobre los mensajes promocionales que tiene el sexshop en la puerta - 5 minutos - se han cruzado con nosotros una mujer pegando gritos en un idioma ininteligible para nuestro amigo holandés y un hombre que ha gritado desde la acera de enfrente "That means erection helper!!!!".
En fín, dejando de lado lo que será objeto de broma durante bastante tiempo entre ciertos sectores granatensis, voy a contar un poco cómo es mi habitación. Está en la última planta y en realidad es más bien un estudio ya que cuenta con cocina y ducha dentro del mismo espacio. Son unos 26m2 en total y la verdad es que para mí está bastante bien, ¡y tengo cama de 140x200cm.! vamos, genial. Lo único que me escama - aparte del mencionado comercio y su dueño - es el tipo que está sub-alquilándome la habitación. Aparte de lo que he comentado, la habitación tiene unas escaleras de madera que llevan a un pequeño ático de unos... no sé de cuántos metros porque está hasta arriba de cosas de hombre este pero serán unos 8m2. Todos esos bártulos no puedo tocarlos hasta finales de noviembre, que es cuando a él se le acaba el contrato de alquiler y parece que se dignará a pasar a recoger sus cosas. Y bueno, diréis, ¿por qué me escama? Pues porque entre las mil cosas que hay hemos podido observar: dos corsets ortopédicos, tres cometas, radiografías de su columna -muy- desviada, kilos de comida vegana caducada (no sabía que existían todas esas cosas para imitar a la carne y ahora quiero olvidarlo), etc. Y no sé, ahora lo veo escrito y pienso que no parece tan raro, supongo que es una de esas cosas que uno tiene que vivir... pero dormir sobre un sexshop y bajo dos corsets ortopédicos puede resultar un poco raro, lo mires como lo mires.
Bueno, dejo para la próxima entrada más detalles sobre la reconquista raqueliana de Maastricht. Habría puesto fotos de mi habitación, de mi edificio y en especial del escaparate del sexshop pero este portátil ha decidido no leer mis tarjetas SD así que hasta nuevo aviso o hasta la llegada de mi querido Toshiba de toda la vida no habrá foto que valga. Espero que a todos os vaya mejor que a mí y bueno, manque no es lo mismo aquí tenéis la captura de street view de mi casita :)




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