Sobre auto-crisis, moda y nidos demasiado amplios

Hay una serie de cosas de las que he renegEspantoado durante años: el color azul marino, los pantalones de pitillo, las botas por encima de los pantalones, los leggins, los zapatos planos (no sé cómo los llama la gente, esos de niña tonta, ¿bailarinas?) y el flequillo. No sé si es porque una se va haciendo mayor y se acerca a la crisis de los 25 (igual no existe pero yo siento que voy a sufrirla) o porque los años y las modas repetitivas terminan por cansar tanto que al final nos da igual qué ponernos. El caso es que por un motivo u otro (o simplemente por comodidad y desidia) he ido cediendo ante algunas de estas cosas como los pantalones de pitillo, los leggins… ¡incluso tengo una camiseta azul marino! (sólo una, no hay que pasarse).

¿Por qué  me pongo yo a hablar de cosas relacionadas con la moda? Ni me pega ni me gusta pero es la única manera de introducir un asunto que por la distancia y los gorros peludos invernales aún no ha salido a la luz: el flequillo. Cualquiera que me conozca un poco sabe que detesto los flequillos, me parecen ñoños, topicazos y previsibles aunque sepa reconocer cuándo le quedan bien a alguien. Hasta los 12 años no conseguí librarme del que me acompañó durante toooooda mi infancia y NO quería volver a ello. Pero la vida del estudiante en el extranjero es dura y acudir a la peluquería en los Países Bajos es caro (por no mencionar lo difícil que es que te entiendan las peluqueras en tu propio idioma, como para entenderse con una holandesa en inglés…). Total, que caí en la vieja trampa de cortarme el pelo a mí misma y no salió mal hasta que tuve que desfilarme el pelo por delante… Así que un día antes de volver a Maastricht fui a la peluquería de rigor en Granada a que me arreglaran el desaguisado sólo para conseguir que lo empeorasen con un flequillo y encima raro. Así que he pasado este mes intentando hacerme a mi nueva peluda condición sin éxito alguno y hoy he vuelto a caer en “voy a quitarme los trasquilones con las tijeras de la cocina”. En fín… peor creo que no está y viendo que esto va a durar un tiempo, mejor “salir del armario” cuanto antes para que las risas garnatíes cesen antes de mi regreso.

Después de choporrocientas fotos empecé a aceptar que nada podía hacer, queda regular nah más.

Aparte de esta serie de explicaciones absurda e innecesariamente detallada que han desembocado en tan estúpida confesión, poco más acontece por estos lares. Tras haber aprobado todos los exámenes de la parte teórica del máster tengo que centrarme en escribir la tesis. Como se venía veír… tendré que volver a los métodos anti-procastinación.

¡Ah! Eso sí, la ocupación alemana de mi casa por fín terminó, el territorio ya es todo raqueliano. Es tan amplia mi casa ahora que junto a la crisis auto-inventada de los 25 voy a tener el síndrome del nido vacío (o demasiado amplio para una sola), ¡cómo voy a echar de menos despotricar de los corsés ortopédicos y de las cometas! aish…

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Raquel Ruyz. Con la tecnología de Blogger.

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