En Granada el carnaval nunca ha sido una celebración importante. Sí lo es, sin embargo, en Águilas donde buena parte de mi familia se divierte cada año. Por unos u otros motivos no he vuelto allí para el carnaval desde que era pequeña así que no le tengo un gran afecto. En los Países Bajos tampoco es que sea gran cosa pero por caprichos del destino he venido a parar a la única provincia donde no sólo se celebra el sino que además constituye una semana de locura, comercios cerrados y servicios públicos trastocados.
| Vrijthof el día 11 del 11 de 2011. |
Limburgo se prepara para el carnaval desde el día 11 del 11 a las 11:11 h de la mañana. Es la inauguración oficial en la que la gente empieza a calentar motores con una buena cantidad de alcohol. Decoran las fachadas de sus casas y las estaciones de tren con banderas, globos y payasos de lo más siniestro/hortera durante los meses que quedan hasta febrero. El año pasado no tuve la oportunidad de vivir lo que significa en Maastricht el carnaval en todo su esplendor y es por eso que en esta ocasión no me lo quería perder. Coincidiendo con la visita de una compañera de la erasmus del año pasado, hace dos domingos me arrojé a las calles sin cámara de fotos y sin vergüenza. Craso error el mío (lo de la cámara, no lo de la vergüenza) ya que es un espectáculo digno de documentar gráficamente. El modus operandi de los limburgueses en este caso consiste en una serie de ingredientes fundamentales:
- Organización grupal de los disfraces: No se suele ver a gente disfrazada por su cuenta sino más bien son disfraces en grupo. Todos los miembros de una familia o de una asociación se embuten en disfraces hechos con la misma tela. Este año, por ejemplo, había unos que iban de piratas del siglo XVII, otros iban de verde con luces como si fueran hadas, otros de negro…
| Pequeño papá pitufo muy animado con todo eso del carnaval. |
- Familia: Como se desprende del punto anterior, es un evento muy familiar. A pesar de que todo el mundo está muy borracho en estos días, los limburgueses se llevan a sus niños con ellos, por muy pequeños que sean. Esto, evidentemente, contribuye al caos que se forma en las calles durante estos días.
- Carros: Sí, carros, de la compra o hechos a medida. En ellos transportan litros y litros de bebidas alcohólicas, comida, abrigos, e incluso meten a los niños para que duerman una siesta allí. Los carros van a juego con el disfraz del grupo: una casa de los pitufos, una planta cuyas hojas servían de paraguas, un gramófono gigante, una pagoda…
- Disfraces: Al contrario que en algunos sitios de España, aquí los disfraces típicos no son temáticos. Esto significa que cuando ves a alguien disfrazado no sabrías decir exactamente qué es. Simplemente confeccionan vestidos y trajes muy al estilo rococó con colores llamativos, encajes, flores, luces led, nidos de pájaros… vamos, horror vacui total. Aún así, también es posible encontrar grupos con disfraces temáticos como unos que iban de los personajes del Mago de Oz.
| Salgo a la calle y lo primero que me encuentro es este histrionismo descontrolado |
- Príncipe y princesa: Esto no termino de entender bien qué es o cómo funciona. Sobre todo en mi barrio la gente pone fotos del príncipe y la princesa del carnaval del año anterior. No siempre son los mismos por lo que no estoy segura de si es que cada uno pone al que le da la gana, si los elige un jurado o qué pero son los que lideran los pasacalles oficiales.
La duración del carnaval aquí en Maastricht es algo que aún no me queda claro. Creo que es de unos 4 días o así. Al día siguiente de mi incursión desarmada me encontraba en mi piso bastante desanimada cuando oí música y jaleo en la calle. ¿Sería el Karma? Tenía un pasacalles de carnaval pasando por mi puerta así que me puse el abrigo encima del pijama y bajé como una exhalación a hacer algunas fotos del espectáculo. No todos los días los estirados holandeses (perdón, limburgueses) se pasean por la calle haciendo el ridículo de esa manera.




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