Los mercadillos enganchan. No los de tipo marcha verde o mercado semanal de frutas o textiles, no, hablo de los de antigüedades/segunda mano (o como aquí los llaman, vlooienmarkten, traducción de flea market o mercado de pulgas). En los últimos años mis padres se han hecho asiduos de este tipo de mercados y es de ahí de donde he sacado la afición. También puede que eso de regatear y mi, a veces patológica, frugalidad sea parte de esa “herencia”. Lo cierto es que la satisfacción de conseguir algo que sabes que vale al menos el doble de lo que estás pagando es indescriptible.
Cuando llegué a Maastricht constaté lo que venía sospechando desde mis visitas a los mercadillos españoles: a los neerlandeses les ENCANTAN estas cosas. Bueno, y a los belgas, y a los alemanes… El caso es que se organizan muchísimos mercados de este tipo cada semana en diferentes puntos del país. Además, hay ciudades que tienen un día de vlooienmarkt fijo, en Maastricht es todos los sábados. Gracias a que Nil también resultó ser fan de este tipo de cosas tuve compañía durante los primeros meses en este tipo de eventos. Visitamos el dominical de St Gilles en Lieja y el megavlooienmarkt anual del MECC en Maastricht. Sin embargo no ha sido hasta 2012 que mis visitas a los mercados han empezado a formar parte de mi rutina semanal. No salgo mucho de casa e ir a estas cosas es más emocionante que ir al supermercado (lo cual se había convertido peligrosamente en la actividad más divertida que llevaba a cabo en días). Nil ya no está pero tengo un compañero de regateos que aprende rápido. Rafa se ha aficionado también a esto (menos mal).
Sin embargo el asunto que hoy me ocupa es el de las cámaras analógicas. El año pasado empecé a sentir cierta nostalgia/interés por las cámaras analógicas. Después de todo las primeras que usé lo eran así que pensé en buscar una Pentax como la que tienen mis padres. Consulté precios por internet y vi que son bastante codiciadas. En el mercado de Maastricht hay un tipo que tiene algunas a precios desorbitados y en el resto de sitios las cámaras que hay suelen ser de marcas de lo más variopintas excepto Pentax. Así es como llegué a la que es la primera SLR no-Pentax que decidí comprar. Por 5€ me ofrecían una Praktica Super TL3 con un 50mm f2.8, un 135mm f2.8 y su funda. No tenía mala pinta, resultó no pertenecer a la gama de Praktica que más se cotiza (como era de esperar) pero no es un mal precio y funciona. Además he aprendido lo que es la M42 y que si compro un anillo adaptador puedo usar los objetivos en mi Canon.
El tema de que no fuera del todo un great deal hizo que me sintiese un poco inútil. Ese mismo día nos quedamos sin dinero en el mercado y cuando nos íbamos vi que vendían una gabardina de (imitación) cuero negra hasta los pies, de mi talla, preciosa y prácticamente nueva. Pedían 10€ por ella pero no tenía más que un euro. Estaban ya recogiendo los bártulos y, por algún motivo, decidieron que me la regalaban. La mujer dijo “this is good luck for us”, deduzco que se refería al karma. Es curioso porque con mi auto-crisis de los 25 me estoy volviendo un “poco” maniática con lo del karma. Al final me fui a casa con la Praktica, la gabardina y el sentimiento de inutilidad atenuado.
Hace dos semanas, sin embargo, el sentimiento no es que resurgiese sino que constaté lo importante que es espabilarse. En Kerkrade (a mí esta palabra me suena a galleta) había una Olympus OM1 con todo su equipo, tres objetivos, dos flashes y millones de filtros de efectos especiales. Era el equipo de un fotógrafo y todo estaba en un excelente estado de conservación. La mujer pedía 60€ que después de hablar con ella se quedaron en 40€. Una vez más, no tenía dinero y me parecía que aunque fuese al cajero se salía de mi presupuesto. Me fui de allí con el presentimiento de que quizás había perdido una gran oportunidad. Cuando llegué a casa y vi los precios de esta cámara estuve tirándome de los pelos durante horas. Estas cosas sirven para aprender y para valorar lo útil que podría resultar tener internet en el móvil cuando uno visita este tipo de sitios. Lo único que podía hacer era informarme. Las Olympus son buenas cámaras con lentes de calidad y los anillos adaptadores para Canon son muy baratos. De este modo, cuando la semana pasada vi una OM10 (no se puede comparar a la OM1 pero qué le vamos a hacer) con Zuiko 50mm f1.8 + Tokina 80-200 f4 + Metz 25 BCT2 + bolso en un mercadillo alemán no dudé en probarla. No funcionaba. El tipo pedía 20€ por ella pero cuando vio que estaba kaputt me la trató de endosar por menos. Al final me la llevé a casa por 12€ pensando que seguramente tendría arreglo y sino siempre tenía los objetivos. 39 céntimos me gasté en un set de ocho pilas de botón para alegrarme el día comprobando que la cámara estaba en perfectas condiciones de uso. Este tipo de cosas son las que enganchan y visto que no me gasto el dinero en nada más, no está mal invertir en algo que siempre puedo vender en caso de necesidad. Eso puede que suceda pronto ya que mi economía no está en sus mejores tiempos. Mientras tanto, ya tengo un carrete esperando :)



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