Mil veces he declarado que me gusta vivir sola. Soy una persona independiente y como tal tengo mi orden y manera de hacer las cosas en casa. En definitiva, me las arreglo bien. Sin embargo hay una delgada línea entre eso y estar sola. Si vives sola puedes invitar a gente a casa a ver una peli o a tomar algo, o puedes salir y volver cuando quieras sin molestar a nadie. El problema viene cuando no tienes a quién invitar o con quién salir, o cuando esas personas están demasiado lejos como para ningún tipo de actividad social más allá de Skype. Así que te pasas los días y las noches en solitaria soledad; analizando tu vida, limpiando la casa, leyendo libros mil o viendo series. Hay días en los que me doy cuenta de que no he hablado absolutamente nada y cuando vuelvo a hacerlo me oigo a mí misma articulando torpemente las palabras. Todo esto es en parte mala suerte (o las circunstancias, como a otra gente le gusta decirlo) y en parte es culpa mía. Pienso “bueno, voy al súper y así aunque sea le digo danke ik veel a la cajera”, pero entonces me invade la pereza “es que estoy en pijama” o “si voy me entretendré demasiado”. Total, que es una especie de círculo vicioso de soledad auto-provocada del que se me hace dificilísimo salir.

Tras haber cruzado el umbral del cuarto de siglo hace unos días y recibir las típicas palabras de “Es una época de cambios” o “A tu edad se toman muchas de las decisiones más importantes de la vida” (lo cual, por supuesto, empeora mi auto-crisis de los 25) me doy cuenta de que esta inactividad no es sana a ningún nivel. Y el caso es que la llave para cualquier tipo de cambio está en terminar la research proposal cuanto antes. ¿Acabaré algún día la tesis?



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