La loca de la cartera robada y otros cuentos breves

Hace muchos meses que no actualizo esto (típica frase de disculpa hacia el diox de los blogs), y lo cierto es que han sido altamente caóticos. De hecho, hace dos años que pienso que mi vida es más caótica e indefinida de lo normal pero últimamente parece ser que he superado mis propios límites.

En primer lugar, ya no vivo en la tranquila casa sobre el sex-shop de Dorpstraat. En esta serie de catastróficas desdichas, ésta en particular es plenamente mi culpa. Dada mi situación financiera pensé que lo mejor sería buscar una madriguera más barata. Había visto que aquello era posible y bueno, todo el mundo dice que Junio es la buena época para buscar piso en las ciudades de estudiantes. De este modo me lancé a la aventura, no sin antes avisar a mi casero con un mes de antelación que en Agosto ya no estaría en mi estudio. Error nº1, decir que te vas cuando no tienes a dónde irte. Claro, pensé que sería relativamente fácil, estando yo aquí y todo. Además, ni siquiera era seguro que me quedase en Maastricht ya que no sabía si me querrían en el trabajo a partir de Septiembre (¡si ni siquiera he contado aquí que trabajo!). No sé, aquello encajaba perfectamente en mi cabeza, todo lo bien que puede encajar algo en una vida en la que todo es inestable y no se puede planear nada con seguridad. Mientras mis jefes decidían si me quedaba o no me lancé a la caza y captura de piso, por si las moscas. Resumiendo: no encontré nada. Es más, por cada 50 mensajes que enviaba solicitando ver una habitación me contestaban 2 si eso y diciendo que ya no estaba disponible. Rebajé el listón al nivel de pisos compartidos (más que rebajar es involucionar) pero ni así.

En segundo lugar y para más inri, una semana antes de volver a Granada me robaron la cartera (¿otra vez? sí, otra vez) con todos mis documentos. Pasé cuatro horas dando tumbos por el centro de Maastricht buscando mi cartera en cada papelera y contenedor de basura cual mendiga perturbada. Resultado: dos carteras de mujer repletas de tarjetas de crédito, ninguna mía. Tras ser increpada y acusada de xenófoba por un tipo del Bronx muy aburrido que decidió que era divertido reírse de la chica con cara de agobio que rebuscaba en la papelera del McDonalds, le di a la policía las carteras y puse una denuncia. Todo fue altamente inútil, pero al menos al día siguiente alguien dejó mi cartera en la oficina de turismo (gracias ¿karma?).

El presunto karma siguió actuando ya que un par de días antes de volver a Granada un compañero de trabajo apareció cual ángel guardián para ofrecerme una estupenda solución a mi problema de alojamiento y almacenaje. Podía dejar los bártulos de mi mudanza en una habitación libre de la casa que compartía con 7 alemanes sin pagar nada. Además, si no encontraba nada podía quedarme a partir de Octubre con la habitación de una de las alemanas allí presentes. Aquello junto a la noticia de que aún parecían quererme en el trabajo permitió que pudiese centrarme con relativa calma en terminar mi tesis.

Ahhh, la tesis, divino tesoro… Mi supervisor, aquel que en teoría se encargaba de todo el papeleo, olvidó un pequeño detalle del que, por supuesto, ahora soy responsable. Entregué la tesis a tiempo para nada y ahora tengo que pagar la matrícula para este curso entero. Así que no, no he terminado el m2012-09-11-022áster… aún. El dineral indecible aumenta dado que alguien en la universidad ha decidido que ya no vivo en Maastricht y por tanto he de pagar las tasas de matrícula altas. ¿Por qué –diréis- si el problema del alojamiento estaba resuelto? Bien, pues porque no lo estaba. El tipo que me había ofrecido la habitación de la alemana había decidido que yo me iba a quedar en ella seguro y me informó a mi llegada de que el contrato con el casero era de un año obligatorio. ¿¿?? Primera noticia. Dada la precaria estabilidad de mi vida, ¿cómo voy a comprometerme a compartir piso con 7 personas durante 12 meses? Le dije que no me interesaba y continué mi búsqueda de piso desde el cuchitril en el que éste me permitía guardar mis bártulos de la mudanza (y desde el cual escribo ahora). Mi rechazo pareció molestarle bastante y se aseguró de hacérmelo saber en la oficina, repetidas veces, hasta que servidora no pudo más y se derrumbó procurando un espectáculo lamentable y nada acorde con lo que viene siendo mi estilo. Demasiada presión, dicen. En cualquier caso, es por eso que no puedo luchar demasiado contra la universidad por mis legítimos derechos (ya que oficialmente sigo registrada en Dorpstraat no deberían poner ningún problema).

Y aparte de todo esto ¿cómo va lo de buscar madriguera? pues hay una solución temporal a partir de Octubre. Aunque no soluciona lo de la matrícula sí que me da un techo hasta encontrar algo mejor o hasta que mi vida se estabilice un poco. Voy a vivir aún más lejos que el año pasado y voy a pagar casi lo mismo, de modo que mi maniobra no sólo ha salido por la culata sino que me ha dado de lleno. Actualmente hay un chinorris disfrutando de la comodidad de mi antiguo estudio y de mis muebles (los cuales prácticamente le regalé), así que no puedo retractarme y volver a dónde estaba.

Podría seguir y seguir pero perdería el sentido de actualización de acontecimientos para pasar a ser un desfile sin fin de desafortunados sucesos. La cuestión que queda después de todo esto es, ¿cuándo me tocará una buena racha que compense todo esto? y también, si tomas un tren a las 8:30 de la mañana que en lugar de dos horas tarda cuatro en dejarte en tu destino y haciéndote perder dinero del trabajo para luego descubrir que tal vez tu departamento esté en peligro y que la universidad te quiere timar, ¿qué debes pensar?

Prometo entrada menos trágica y más cómica para el siguiente post. Mientras tanto, disfrutad de vuestros cómodos hogares, ¡no sabéis lo que tenéis!

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Raquel Ruyz. Con la tecnología de Blogger.

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